Mushroom Forest: El bosque de las setas.

Nos levantamos antes del amanecer, el frío apretaba a la hora que marcaba el viejo, fiel y luminiscente Seiko. No era otoño, el verano, en su recta final, continuaba agonizante en su ígnea tarea, pese a ello los tonos cálidos ganaban lentamente a los fríos, indicio manifiesto de que los días de estío estaban sucumbiendo al igual que lo hacen las verdes hojas en octubre. El aroma a café impregnaba toda la cocina. Amargo, sin azúcar y largo, una mágica sinfonía que servía de preludio antes de iniciar un viaje en tan tempraneras horas. En el exterior, el olor a tierra mojada nos auguraba una húmeda jornada, la lluvia había permanecido implacable durante toda la noche, y los truenos habían estado incesantemente martilleando el cielo, fundiendo el firmamento en una amalgama de áureos y violáceos. Lejos quedaban ya esas citas nocturnas con “superlunas´´, en las cuales las luciérnagas sobrevolaban incansables en un cortejo de centellas, donde los grillos ponían el canto al igual que suenan los violines en las obras de André Rieu. La luz tenue de la encimera era suficiente para la elaboración del almuerzo que nos daría energía y serviría de reconstituyente en nuestra jornada. Para esta ocasión habíamos optado por un sencillo pero suculento bocadillo de lomo con pimientos verdes, hecho con pan de hogaza, con la suficiente miga como para que la tierna carne del cochino y su jugo junto con el de los pimientos, pudiera empaparla y así uno poder deleitarse tras su deglución. Una vez todos los preparativos habían finalizado y el vehículo había sido cargado, procedimos a emprender el rumbo hacia nuestra primera recolecta.

Así fue como comenzó nuestra jornada. El día previo habíamos preparado nuestras cestas de mimbre (también las hay quién las prefiere de castaño), nuestras mejores navajas, tanto rectas, con cepillo, como de filo curvo, para que se adapten al pie del hongo a extraer, dañando lo mínimo posible el firme donde se encuentren. Para la cesta de mimbre se puede recurrir a los grandes establecimientos de menaje o también puedes optar por acudir a uno de los establecimientos más bellos que se conocen actualmente y que conocimos por casualidad en uno de los innumerables paseos Callejeando Valencia, no es otra que la tienda Simple en Valencia (también pone a tu disposición una página web donde curiosear sus productos y obras) en la que encontrarás además de una infinidad de artículos para nostálgicos, una gran variedad de elaboraciones artesanales con los que satisfacer tu demanda. En cuanto a las navajas, las mejores opciones pueden ser las clásicas e incombustibles hojas de corte de la marca Opinel, que pueden encontrarse en infinidad de puntos de venta.

El enclave elegido para esta misión micológica era un inhóspito lugar meridional de la provincia de Teruel, (¡vaya que si existe!), esa zona turolense que tan buenas recolectas y grandes mañanas nos ha hecho pasar a tantos. Un lugar donde el índice fúngico es mayor que incluso el de Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch. En estas tierras encontramos unas potentes micorrizas cargadas de setas y hongos.

Las micorrizas (sin entrar en términos científicos demasiado profundos e insondables) son las conexiones simbióticas que se producen entre las plantas y los hongos. De esta unión la tierra se enriquece de nutrientes, ya que el hongo micorriza las plantas y éstas son micorrizadas desde la raíz (“a las puntas´´, como dicen los anuncios de champú), proporcionándole el hongo de este modo, agua y minerales que equilibran la alcalinidad del sustrato.

Es por ello que los rebollones y demás setas comestibles (también las nocivas) se hallan situados por ejemplo bajo los grandes pináceos. De estas simbiosis también se benefician los musgos y los helechos, y obtienen así, beneficios tales como protección sobre diferentes inclemencias y elementos del suelo (las producidas por minerales nocivos) además de incrementar sus características fisiológicas (mayor actividad debido a una mejor alimentación por nutrientes y minerales proporcionados por los hongos micorrícicos).

Hay que tener una cautela especial con ciertos tipos de hongos que pueden ocasionar severos riesgos para nuestra salud. Debemos de vigilar que durante la recogida no introduzcamos por equivocación algunos de los nocivos. Para identificarlos debemos de prestar atención en sus colores llamativos y en algunos casos en la emanación de fluidos que nos avisan de su naturaleza perjudicial. Destacamos especialmente el Paxillus involutus que puede encontrarse comúnmente al pie de las grandes coníferas, ya que su apariencia es muy semejante al de un níscalo (Lactarius deliciosus) y si la ingerimos puede causar efectos graves incluso la muerte. También destacaríamos el falso níscalo (Lactarius torminosus) que puede ser recogido fácilmente bajo manos inexpertas, ya que su hábitat es el mismo que el del níscalo común aunque suele realizar las micorrizas también en otras especies de árboles de la familia de las fagáceas.

Desde Piazza Gelato queremos realizar un llamamiento a que la recogida sea realizada o supervisada por alguna persona que tenga amplios conocimientos y experiencias en micología de setas y hongos. La recogida de hongos nocivos puede ocasionar riesgos para la salud y nunca bajo ninguna circunstancia pueden ser cocinados al azar y sin ningún control.

En fin, una vez dicho esto vamos a recomendar una receta que se puede realizar con setas comestibles y en especial con níscalos y rebollones. Como anteriormente en la entrada Otoño: La época de las setas, dijimos que se podían preparar estos manjares culinarios de infinidad de formas, al natural o como acompañantes en nuestros más selectos guisos y que satisfarán nuestra posición hegemónica en la cadena trófica. Para esta ocasión vamos a recomendar un arroz con rebollones y caracoles.

Receta del arroz con níscalos, pollo y caracoles.

Ingredientes para 4 personas:

  • 1 Kg. de pollo.
  • 250 gr. de níscalos.
  • 150 gr. De judías verdes planas (bachoqueta).
  • 1 pimiento rojo.
  • 1 diente de ajo.
  • 50 gr. De tomate frito.
  • 4 cucharadas soperas de aceite.
  • 400 gr. de arroz (tipo bomba).
  • 2 litros de agua.
  • 100 gr. De caracoles (previamente cocidos).

1º Sofreír el pollo y cuando esté bien frito y dorado se le añade los níscalos, las judías verdes, los caracoles y el pimiento rojo. Se rehogan estos ingredientes durante 5 minutos.

2º Se añaden los ajitos previamente picados, se sofríen hasta que estén bien dorados y a continuación se le añade el tomate frito. Mezclamos bien hasta que se unifique el tomate con los demás ingredientes durante 2 minutos.

3º Una vez esté todo junto y bien cocinado se le añade el agua y se tiene entre 20 minutos y 30 minutos hirviendo a fuego medio, evitando que se consuma el agua. Si observásemos que se pierde mucha agua habría que añadirle un poco más.

4º Se le añade el arroz. Intentaremos esparcirlo por toda la superficie de la sartén. De 8 a 10 minutos se intentará cocinar a fuego fuerte y luego a fuego medio o mínimo, durante otros 7-8 minutos más. Una vez el arroz se ha secado se dejaría reposar entre 5-10 minutos antes de servirlo.

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Luce un sol radiante.

Luce un sol radiante.

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Disfrutando del momento.

Disfrutando del momento.

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Navaja cumpliendo su función.

Navaja cumpliendo su función.

Micorrizas

Micorrizas

Unión de musgo y hongo.

Unión de musgo y hongo.

Cestas de mimbre.

Cestas de mimbre.

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En el plato.

En el plato.

Vista cenital.

Vista cenital.

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Seta venenosa, su color la delata.

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Precaución con este tipo de setas.

Precaución con este tipo de setas.

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